Ciertas actitudes pueden aumentar la probabilidad de que se desarrollen trastornos de ansiedad en la edad adulta.

La ansiedad es un mecanismo natural que nos permite ponernos alerta ante sucesos comprometidos. De manera puntual, puede ser hasta positiva, porque puede ayudarnos a mantenernos concentrados y afrontar los retos que tenemos por delante. Sin embargo, a veces el sistema de respuesta a la ansiedad se ve desbordado y funciona incorrectamente.about:blank

Esto puede pasar a cualquier edad, pero hay más posibilidad de que ciertos comportamientos de los niños puedan aumentar la probabilidad de que se desarrollen trastornos de ansiedad en la edad adulta. Y a la inversa: cuáles podrían generar menos motivos de preocupación para los padres, los familiares y los expertos en la infancia.

Tendencia a llorar con facilidad

El estudio, impulsado por la Universidad de Otago y publicado en la revista médica internacional Psychological Medicine, utilizó datos del estudio de salud y desarrollo de Christchurch (CHDS), un estudio longitudinal de una cohorte de nacimiento de 1.265 niños nacidos en Christchurch (Nueva Zelanda) durante un período de cuatro meses.

La investigación rastreó 15 comportamientos ansiosos comunes entre el grupo de cohorte del CDHS de siete a nueve años, comparando los resultados a medida que fueron entrevistados y evaluados a lo largo del tiempo. El grupo estudiado tenía ahora cuarenta y cinco años.

«Investigaciones internacionales anteriores ya establecieron un vínculo entre los comportamientos de ansiedad infantil y los trastornos de ansiedad posteriores, pero no con este nivel de detalle», explica uno de los autores, Nathan Monk.

Monk y sus coautores han descubierto que varios comportamientos infantiles observados, incluida la tendencia a llorar con facilidad y a menudo; la tendencia a hacer las cosas solos y a parecer triste con regularidad, conllevaban un mayor riesgo de ansiedad en adolescentes y adultos.

Por el contrario, otros comportamientos como la timidez con otros niños, la sumisión o el miedo a la autoridad y el miedo a las personas en general no conllevan un mayor riesgo de que el niño desarrolle ansiedad cuando crezca.

Consecuencias en edades adultas

«Básicamente, lo que hemos descubierto es que los comportamientos ansiosos de la infancia relacionados con el aislamiento social y la tristeza parecen conllevar el riesgo de desarrollar un trastorno de ansiedad en la edad adulta», sigue Monk.

Por el contrario, defiende el autor, los comportamientos relacionados con los miedos y la ansiedad situacionales alrededor de los adultos no parecen tener el mismo riesgo.

Las niñas, más expuestas

Los datos del CHDS han identificado previamente tasas sorprendentemente altas de trastorno de ansiedad entre el grupo de cohorte estudiado, lo que destaca la importancia de identificar los factores de riesgo tempranos, especialmente entre las niñas.

Casi la mitad (49 %) de las mujeres en el estudio cumplieron los criterios de diagnóstico para el trastorno de ansiedad durante la adolescencia (14 a 21 años), cifra que se redujo solo ligeramente al 48 % durante la edad adulta (21 a 40 años). También se encontró que los hombres cumplían con los criterios para los trastornos de ansiedad en altas tasas, con poco más de una cuarta parte (27 %) diagnosticados durante la adolescencia, aumentando al 31 % en la edad adulta.

Habilidades sociales y emocionales

«Esta investigación refuerza la importancia de desarrollar activamente las habilidades sociales y las habilidades para manejar las emociones, especialmente en los primeros 1.000 días de la vida de un niño, donde los padres y la familia juegan un papel clave», resume el psiquiatra de niños y adolescentes de la Junta de Salud del Distrito de Canterbury y de la Universidad de Otago, la doctora Kat Donovan. 

Fuente: mundodeportivo.com

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