Un país rico, desarrollado y sobre todo justo socialmente es aquel en el cual la educación pública prevalece sobre la educación privada, donde la educación pública es de excelencia y accesible a todos los ciudadanos. Un ejemplo de esto es Finlandia, que con políticas en materia de educación llevadas a cabo años atrás, tuvieron como objetivo primordial disminuir las desigualdades entre sus habitantes por medio de una educación pública de excelencia.

La Argentina cuenta hoy en día con un sistema educativo arcaico, basado en conceptos y métodos del siglo XIX, además de una educación pública deficiente, provocando de esta manera una desigualdad enorme entre quienes pueden pagar su educación y asistir a escuelas privadas y quienes no pueden pagar su educación y, como consecuencia, caen en el sistema educativo público, altamente incompleto.

En contrapartida, el sistema escolar finlandés, uno de los más celebrados en el mundo, en donde los niños y adolescentes alcanzan los más altos puntajes a nivel global de las evaluaciones internacionales, prescinde desde hace años de las escuelas privadas y basa su educación en un sistema público y moderno, adaptado a la época en la cual vivimos, en el cual se dejan de lado las tareas – esas labores que sistematizan la repetición -, y se enfoca en que el aprendizaje sea una actividad placentera, creativa e innovadora.

Como sociedad debemos preguntarnos ¿Por qué 1 de cada 3 argentinos optamos por la escuela privada, es decir, pagar por aquello que tenemos gratis? ¿Qué debemos hacer para que más argentinos (todos los argentinos) vayan a la escuela pública?

Nuestro primer interrogante pareciera fácil de responder; la educación gratuita argentina está basada en un sistema conservador y atrasado. Nuestro segundo interrogante debiera ser resuelto observando, tomando ideas y métodos educativos de países como Finlandia, el cual con su política pública en educación logró disminuir significativamente las desigualdades entre sus habitantes, además, de encontrarse entre los primeros países en las evaluaciones internacionales de educación. Finlandia es hoy una de las sociedades con las menores brechas de desigualdad entre sus ciudadanos.

Finlandia no es el único ejemplo en el cual la injerencia de la educación pública es mayoritaria sobre la educación privada. Italia presenta solamente un 6,4% de alumnos en escuelas privadas, Francia un 2,3%, Suiza un 0,9% y Holanda únicamente un 0,64%.

Esto nos hace pensar que a mayor cantidad de alumnos en escuelas públicas de excelencia y donde exista un verdadero acceso a la mejor educación para todos, mayor es la justicia social y desarrollo de un país. En los países subdesarrollados, como Perú, donde la cantidad de alumnos en escuelas privadas asciende a un 27% aproximadamente, México un 25,19%, Chile un 62%, notamos que la injusticia social y la diferencia entre clases es abismal, donde dejamos fuera de la cancha antes de empezar el partido a un montón de niños que no cuentan con una educación de excelencia.

No es suficiente tener educación pública y gratuita si no es de excelencia, debido a que de esta forma solo sacan provecho los estudiantes provenientes de estratos sociales con privilegios económicos que puedan darse el lujo de pagar escuelas privadas de excelencia. Esto, además de reproducir desigualdad a través de las generaciones, debilita el tejido social del país.

Como país y como sociedad todavía estamos a tiempo de cambiar. Debemos exigir una educación de excelencia y moderna para todos, cerrando la brecha de logros entre los estudiantes más ricos y más pobres, y convertir a Argentina, como lo hizo Finlandia, en una de las historias de éxito educativo de la era moderna.

Fuente: clarin.com