En todo el mundo, las mujeres apenas ganan 77 centavos por cada dólar que gana un hombre. Esto provoca una desigualdad de ingresos entre mujeres y hombres de por vida y hace que más mujeres sean abocadas a la pobreza.

Esta desigualdad tenaz en los salarios medios de las mujeres y los hombres se mantiene en todos los países y sectores, debido a que el trabajo de ellas se infravalora y que tienden a estar concentradas en empleos diferentes a los de los hombres. Aunque el empleo requiera los mismos esfuerzos y habilidades, o más, su trabajo está menos valorado y peor remunerado. En el caso de las mujeres de color, las mujeres inmigrantes y las madres, esta brecha es aún mayor. La denominada “penalización por maternidad” obliga a las mujeres a trabajar en la economía informal, a aceptar trabajos eventuales o a tiempo parcial, y tiende a ser mayor en los países en desarrollo que en los países desarrollados.

La desigualdad salarial por razón de género se sitúa en un 23 por ciento a nivel mundial. ¿Qué hay detrás de esta desigualdad? 

La desigualdad salarial por razón de género que existe a nivel mundial es una expresión de las desigualdades que persisten entre las mujeres y los hombres, en nuestras sociedades y nuestros lugares de trabajo. Las normas sociales y culturales, que definen en sentido amplio el rol de los hombres como tomadores de decisiones y el de las mujeres como cuidadoras, desempeñan un papel importante, no sólo en cuanto al tipo de trabajo que se destina a las mujeres, sino en términos de cómo se valora y remunera dicho trabajo. 

Al entrar en el mercado laboral formal, el trabajo remunerado de las mujeres y su rol como trabajadoras tiende a considerarse como secundario o complementario a su rol principal de “ama de casa”. Esto, a su vez, repercute en la forma en que son remuneradas. Aunque tengan cualificaciones similares o mejores que los hombres, las competencias de las mujeres no se valoran del mismo modo que las de ellos, y su evolución profesional es más lenta. 

Pero la principal razón de fondo por la que existe una desigualdad salarial entre mujeres y hombres es que ellas tienden a estar concentradas en empleos diferentes a los de los hombres, y estos empleos a menudo son valorados en función del género. A fin de garantizar “una remuneración igual por trabajo de igual valor”, tenemos que contemplar el hecho de que un empleo en el sector de la construcción dominado por hombres, por ejemplo, pueda tener un valor objetivo igual o similar que el trabajo en el sector del cuidado infantil, con predominio de mujeres (en términos de aptitudes, esfuerzos, responsabilidades y condiciones de trabajo). Sin embargo, el trabajo en el sector del cuidado infantil, con presencia mayoritaria de mujeres, estará casi siempre peor remunerado. Tiene que cambiar el modo en que valoramos los distintos puestos de trabajo, tal y como reconoce el Convenio núm. 100 de 1951 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). 

¿Qué consecuencias tiene la desigualdad salarial por razón de género a corto y largo plazo? 

El hecho de ignorar la discriminación y la desigualdad en el mercado laboral, incluida la diferencia salarial entre mujeres y hombres, contribuye al elevado número de trabajadoras y trabajadoras pobres, ya de por sí inaceptable, y se traduce en un mayor número de mujeres abocadas a la pobreza. Uno de los efectos a largo plazo de la desigualdad salarial por razón de género sobre la vida laboral de las mujeres es que existe una enorme diferencia en sus pensiones de jubilación. Ha quedado demostrado, en todas partes del mundo, que sigue aumentando el número de mujeres mayores que viven en la pobreza extrema. 

Actualmente, el 40 por ciento[5] de las mujeres con empleos remunerados no contribuye a las medidas de protección social, lo que incluye las pensiones, los sistemas de protección de la maternidad, las enfermedades laborales, los seguros por accidente y demás. No disfrutan de las garantías básicas de seguridad social que puedan existir a escala nacional. La desigualdad de salarios y de pensiones, junto con la falta de protección social universal, dificultan gravemente el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que exigen acabar con la pobreza y el hambre, lograr la igualdad de género y el empleo decente y promover la salud y el bienestar para todas las personas, independientemente de su edad. 

¿Qué medidas se necesitan para corregir la desigualdad salarial por razón de género?

Acabar con la desigualdad salarial por razón de género requiere adoptar una serie de medidas que tengan como elemento central el trabajo decente. 

Una de las formas más eficaces y rápidas de reducir la desigualdad salarial entre mujeres y hombres es el salario mínimo vital (o salarios mínimos) y la protección social universal. El salario mínimo vital beneficia a todas las personas que tienen una remuneración baja. Dado que las mujeres predominan claramente en los trabajos poco remunerados, esta medida les beneficiará aún más notablemente. Por ejemplo, Alemania adoptó recientemente un salario mínimo nacional para combatir la tenaz desigualdad salarial entre mujeres y hombres, que se sitúa en el 22,4 por ciento. 

Esta medida tiene que ir acompañada de una protección social universal —lo que implica la seguridad de los ingresos para las personas desempleadas o subempleadas (cuya mayoría son, una vez más, mujeres)—, de licencias de maternidad remuneradas, del apoyo al cuidado infantil y demás servicios de atención social y sanitaria, de seguros contra la pérdida de ingresos por causa de enfermedad o accidente laboral y, evidentemente, de pensiones adecuadas para la jubilación. Es fundamental que dichas protecciones se extiendan a las personas que trabajan en la economía informal, que tienden a ser excluidas y, en su inmensa mayoría, a ser mujeres.

Otra parte importante de la solución consiste en garantizar que las trabajadoras y los trabajadores tengan libertad de asociación y el derecho a organizarse y a negociar de forma colectiva. En Estados Unidos, la diferencia salarial entre mujeres y hombres es del 11 por ciento para las mujeres afiliadas a un sindicato, mientras que el promedio se sitúa en el 22 por ciento[6]. Y en el Reino Unido, los salarios de las mujeres afiliadas son, de media, un 30 por ciento más altos que los de las mujeres no afiliadas[7]

Las medidas para acabar con la desigualdad salarial por razón de género deben incluir servicios públicos de calidad de cuidado infantil y de atención a las personas mayores, así como políticas laborales que sean favorables a la familia. Las medidas políticas que alientan a los hombres a compartir responsabilidades en materia de cuidados (por ejemplo, las licencias de paternidad) han demostrado ser útiles para modificar las normas sociales que alimentan las diferencias salariales entre mujeres y hombres. Los países escandinavos son un buen ejemplo de ello y son, hasta la fecha, los más avanzados en esta materia. 

La transparencia en el seno de las empresas en cuanto a criterios y decisiones sobre salarios también puede contribuir a prevenir la discriminación por motivo de género. 

Fuente: unwomen.org