Por Yudeisi Quiaro

Seguramente muchas veces hemos escuchado sobre el aprendizaje cooperativo; sin embargo, hoy en día el afán de ser cada vez más competitivos nos aleja de la premisa de cooperar con nuestros pares, por lo que es muy frecuente observar a adultos con problemas para trabajar en equipo, resolver conflictos, dialogar y defender su punto de vista, y mucho menos sentir empatía.

Y precisamente es en la escuela desde donde se deben potenciar las bases de la socialización para los hombres y mujeres del mañana, lo cual puede conseguirse a través del aprendizaje cooperativo. Pero, ¿cómo implementarlo en el aula de clases? Puede iniciarse en cualquier momento del año escolar, aunque preferiblemente a comienzos, una vez culminada la fase diagnóstica y que conozcamos muy bien a cada uno de nuestros alumnos, ya que esto es fundamental para la integración de los denominados equipos base, pues es tarea netamente del docente formar los equipos.

Los equipos base para el trabajo cooperativo se caracterizan por ser de composición heterogénea en rendimiento y capacidad, según Pujolas (2009). Pueden estar integrados por cuatro o cinco miembros, dependiendo de la cantidad de niños que se tengan dentro del salón. Otro aspecto a considerar es que estas agrupaciones deben ser estables y mantenerse a lo largo de un trimestre, como mínimo.

Para formar los equipos base es necesario conocer a los estudiantes y clasificarlos en cuatro grupos, según su rendimiento académico:

  • Estudiantes de rendimiento ALTO (A)
  • Estudiantes de rendimiento MEDIO-ALTO (M-A)
  • Estudiantes de rendimiento BAJO (B)
  • Estudiantes de rendimiento MEDIO-BAJO (M-B)

Una vez realizada esta clasificación, se forman los equipos y se coloca a un estudiante de cada categoría o de la forma más heterogénea que la agrupación lo permita. Es recomendable  hacer una ficha de cada alumno, con sus datos personales y la cuadrilla a la cual pertenece, con la finalidad de llevar un registro particular. Por otra parte, se sugiere identificar el equipo con un nombre determinado;  resulta muy divertido para los niños darle nombre a su grupo de trabajo.

Teniendo los equipos base, debemos asignar los roles o funciones a cada integrante; en primera instancia, los puede asignar el maestro de acuerdo con la caracterización que tiene de sus estudiantes, pero también hay casos en los que los niños asignan las funciones. En tal sentido, se puede realizar una negociación entre el docente y los alumnos, cuyos roles son los siguientes:

  • Coordinador(a): Se encarga de dirigir las actividades del grupo. Organizar y repartir el material de trabajo. Animar y apoyar a los compañeros y ayudar a resolver los conflictos o dificultades presentadas.
  • Portavoz: Habla en nombre de sus compañeros, y explica y presenta las asignaciones al resto de los integrantes. Consulta las dudas al docente, y responde las preguntas de otros grupos y del maestro.
  • Supervisor(a): Controla el tiempo para realizar las asignaciones, así como el tono de voz de sus compañeros y el nivel de ruido. Revisa el orden y la limpieza de su espacio de trabajo.
  • Secretario(a): Toma nota y escribe las asignaciones. Recuerda las tareas pendientes a sus compañeros. Comprueba que todos apunten y culminen su actividad.

Cuando se han asignado los roles y explicado detalladamente cada una de sus funciones, podemos dar inicio al trabajo cooperativo. Es importante destacar que dicha labor no se limita solo al aula de clases, sino que puede darse en cualquier espacio de la escuela.