Cuando somos niños tenemos inclinación a imitar, y en este caso era a Sherlock Holmes, de quien habíamos leído en revistas de la época sobre su capacidad de observar detalles pequeñísimos a partir de los cuales hacer deducciones.

Se nos ocurrió seguir de cerca y observar un tiempo a alguna persona para sorprenderla con: ¡Estas preocupados por algo!, ¿Se te quedó algo o no sabes dónde lo dejaste? ¿Qué pasó, no te alcanza el dinero?

Siempre nos miraban asombrados, y disfrutábamos lo que era considerado una victoria del grupo, pues antes de dar las conclusiones de la observación, debatíamos y hacíamos una votación para decidir las conclusiones.

Estas peripecias que variaban las actividades infantiles afloran ahora en la memoria en momentos en que los detalles que valorábamos en aquellos tiempos son de suma importancia para no contagiarnos con el SARS-CoV-2 y evitar que penetre en el cuerpo.

Nos dedicábamos en aquellos años ya lejanos a descifrar los mensajes no verbales que los humanos hacen y que en estos momentos pueden tener consecuencias mortales con la pandemia que ha puesto al mundo en crisis.

Uno de los tantos gestos se relaciona con las manos, que son un vehículo que el nuevo coronavirus usa para transportarse hacia los ojos, la boca y la nariz, órganos a través de los cuales se introduce rumbo a los pulmones para causar la COVID-19.

Esta vez concentraremos la atención en la nariz, algo muy relacionado con Pinocho, personaje a quien le crecía ese órgano al decir una mentira, lo cual parece estar relacionado con afirmaciones de especialistas dedicados al estudio del comportamiento humano.

Explican psicólogos que entre la mentira y la nariz hay una relación, pero aclaran que no es una afirmación absoluta, pues también se deben tener en cuenta otras señales que emiten las personas al no decir la verdad.

Expertos afirman que al decir una mentira en un estado de miedo por algún riesgo o peligro el cerebro envía más sangre a la nariz y eso provoca una cierta picazón o cosquilleo que provoca tocarla o rascarla.

Cambios bruscos de temperatura y estados alérgicos pueden causar micropicor y no se relacionan con mentir, pero si nos tocamos la nariz con las manos contaminadas, facilitamos el trayecto al nuevo coronavirus para enfermar los pulmones.

Observe a los demás y manténgase alerta usted mismo y seguramente se sorprenderá de las veces que nos tocamos la nariz (y también otras partes del cuerpo, pero en este caso lo peligroso está en la cara) sin que nos haya picado ningún insecto ni rozado con nada.

Entre los gestos, vale la pena que estemos atentos para evitar los que tienen que ver con la cara y las manos, aun cuando haya pasado la pesadilla de la pandemia, pues la salud depende mucho de ello.

fuente: cubahora.cu

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