Por Yudeisi Quiaro

Según la Organización Mundial de la Salud, las habilidades para la vida son competencias psicosociales necesarias para tener un comportamiento adecuado y positivo que nos permiten enfrentar eficazmente las exigencias y retos de la vida diaria,  y es justamente bajo esta premisa que todos los educadores debemos dirigir nuestro trabajo.

Una de estas habilidades es justamente la empatía que, según el diccionario de la Real Academia Española, es la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. Conseguirla con nuestros estudiantes puede ser una tarea titánica, pero no imposible. Para lograrlo hay que empezar por expresar respeto por cada uno de nuestros alumnos, demostrando afecto y aceptación independientemente de los logros alcanzados por ellos; prestar atención a las potencialidades del estudiante para aprovecharlas al máximo respetando su proceso de aprendizaje.

 ¿Cómo lograr un estilo empático en el aula de clases?

  • Desarrollo de la comunicación no verbal: Muéstrate calmado, con una postura relajada y seguro de sí mismo, lo cual influirá  positivamente en las emociones de tus estudiantes. Algunos ejercicios para relajar los hombros antes de iniciar la clase vendrían muy bien.
  • Recordemos que en el aula de clases somos el modelo y el líder a seguir. Atendamos a cada uno de nuestros estudiantes evitando, en la medida de lo posible, los favoritismos. El regalar sonrisas a los niños suele generar un buen vínculo con ellos.
  • Expresarse con un tono de voz moderado (ni muy alto, ni muy bajo) también origina cercanía, y ese hábito además cuida la salud de las cuerdas vocales.
  • Desarrolla la escucha activa: aquí el lenguaje corporal juega un papel importante: cuando tus estudiantes hablen, muéstrate atento, obsérvales, asiente con la cabeza en señal de que sigues el ritmo de su discurso. Evita interrumpir y en las pausas puedes  parafrasear sus palabras, bien sea para que otros compañeros lo entiendan o para que el hablante confirme que se le está comprendiendo. Finalmente, eludamos el juzgar y emitir juicios de valor.
  • El refuerzo positivo es siempre un gran aliado. En este aspecto vayamos más allá de un ¡muy bien! y brindemos a los estudiantes elogios más elaborados e incluso personalizados, por ejemplo: ¡Luis, confía en ti mismo; cada vez lo haces mejor! También podemos dar elogios grupales, a saber: ustedes constituyen un grupo maravilloso; están haciendo un gran trabajo.

Lo más importante del refuerzo positivo es brindarlo inmediatamente después de la acción que lo origina.

  • El sentido del humor favorece enormemente a la empatía, para lo cual no es necesario ser un payaso ni estar contando chistes todo día, solo se necesita mostrar una sonrisa de vez en cuando y con narrar una anécdota graciosa al día es más que suficiente. El sentido del humor genera cercanía, favorece la creatividad y transmite ilusión a los alumnos. Además, beneficia la motivación de los niños con bajo rendimiento académico.
  • Gestiona el estrés: Este aspecto favorece la salud emocional del docente y, en consecuencia, la de sus niños. Hacer pausas entre una clase y otra resulta muy beneficioso; durante estos intervalos de tiempo practiquemos ejercicios de estiramiento y de respiración. Realizar gimnasia cerebral también nos será de ayuda, ya que además de ser divertida, preparará a los niños hacia la siguiente clase. Por ejemplo, hay ejercicios que favorecen la lectura, la escritura o el cálculo matemático.

Pon en práctica estos simples consejos y verás cómo pronto ganarás la empatía de tu grupo.